Suecia sigue siendo uno de los países más igualitarios en cuanto a la distribución de los ingresos, y tiene uno de los niveles más bajos de pobreza del mundo. No puede sorprender que figure constantemente entre los primeros lugares en el Índice de Desarrollo Humano, que clasifica los países según la esperanza de vida, educación y nivel de vida. Aunque los suecos pagan altos impuestos para mantener su apreciado sistema de bienestar social, ya no son los que soportan la mayor carga fiscal del mundo.
Suecia ha logrado un equilibrio entre la igualdad social y el éxito económico. La educación es gratuita (salvo las guarderías y la educación superior, que son financiadas en parte por el gobierno). Los servicios de salud son baratos, la atención a los niños es universal y las calles se mantienen limpias. Sin embargo, cada cual tiene la posibilidad de controlar su destino económico.
Las fuerzas propulsoras del “modelo sueco” han sido el Partido Socialdemócrata y los sindicatos, aunque tiene sus raíces en el siglo XIX, cuando se promulgaron las “leyes de alivio de la pobreza”. El modelo sueco sigue vivo, si bien no abarca tanto como antes. Hoy existe una mayor privatización en el sector de la salud, y crece rápidamente el número de escuelas privadas. Pero ni siquiera los partidos a la derecha en el espectro político hablan de desmantelar el Estado de bienestar, ya que los votantes suecos no lo apoyarían.