Inicia la exploración de Suecia aquí
Datos rápidos sobre Suecia
Cómo vivimos en Suecia
Turismo en Suecia
Trabajar & vivir en Suecia
Negocios en Suecia
Educación
Skip to content

Eso hay que celebrarlo
- Fiestas a la sueca

por Po Tidholm

Lo atractivo de las tradiciones y costumbres es que siempre cambian. Cuando resultan inservibles, son relegadas al olvido o moldeadas en formas nuevas. Eso es lo que pasa en sumo grado con las costumbres festivas en Suecia. Suelen tener unas raíces antiguas, los orígenes de algunas se remontan incluso a los tiempos de la Suecia pagana. Muchas tradiciones nos han llegado de fuera, con los comerciantes alemanes o por medio de la Iglesia protestante.

Nuevos bachilleres celebrándolo de la forma tradicional. Foto: Daniel Holking/Image Bank Sweden
Nuevos bachilleres celebrándolo de la forma tradicional. Foto: Daniel Holking/Image Bank Sweden

Las estaciones del año llevan la voz cantante

Otras costumbres son tan antiguas, que sus orígenes se han perdido en el olvido de los tiempos. Ello no impide, sin embargo, que se sigan celebrando, porque siempre ha sido así y porque han llegado a ser muy estimadas. Se han convertido en parte del ciclo de la vida, al que sirven de marco, y dan a la gente una noción del tiempo y al año, un ritmo.

En Suecia, son muchas las costumbres que están fuertemente vinculadas con los cambios de la naturaleza. Así, por ejemplo, los suecos celebran la fiesta de San Juan, o solsticio de verano, con una intensidad que sólo puede darse en un pueblo que acaba de pasar otro largo y duro invierno. Encienden velas al llegar el Adviento y rinden culto a una Lucía vestida de blanco y con una corona de velas en el pelo.

Por otra parte, la comida sueca tiene a menudo un carácter de temporada y su condimentación y preparación tienen que ver con las necesidades de conservación que se dieron en la sociedad agraria, más primitiva. Ejemplos de ello son el arenque marinado, la carne salada o ahumada, o productos lácteos cuajados, cocidos o curados.

Varias de las costumbres festivas suecas están vinculadas con el año agrícola, con los cultivos primaverales, las temporadas de caza y pesca y la época de la cosecha. Ahora bien, como ya se ha dicho, su significado original puede haber desaparecido en su versión actual y haber sido sustituido por otro nuevo.

En Suecia, muchas costumbres están estrechamente relacionadas con los cambios de las estaciones del año. Foto: Anders Johansson/Ölands Turist
En Suecia, muchas costumbres están estrechamente relacionadas con los cambios de las estaciones del año. Foto: Anders Johansson/Ölands Turist

De cabeza a la era moderna


Todo ello tiene que ver no sólo con el paso del tiempo y el olvido humano. Los suecos tienen también una relación escindida con respecto a sí mismos. La imagen propia da cabida al orgullo por la historia sueca y, al mismo tiempo, una mala confianza en sí mismos ante lo que se considera viable desde el punto de vista continental e internacional.

Cuando se presentó la ocasión, los suecos se arrojaron de cabeza a la modernidad.

La remota situación del país en el mapamundi, su rara capacidad para evitar la guerra, así como sus ricos recursos forestales y mineros, convirtieron a Suecia en un país rico, pero peculiar, a nivel internacional. Así, mientras otros países vivían inmersos en conflictos y diferencias de clase, en Suecia imperaba el mutuo acuerdo y el optimismo de cara al futuro. La fe en lo nuevo, en el bienestar general –lo que en Suecia dio en llamarse folkhemmet, el hogar del pueblo– y en el crecimiento adquirió en determinados momentos tal fortaleza, que la historia quedó relegada al olvido.

De repente, se consideró que las viejas tradiciones y costumbres eran inservibles; los jóvenes cerraron sus oídos a los relatos de las personas mayores y no volvieron su mirada para echar un vistazo al pasado. El futuro atraía como un espejismo más allá del horizonte, y había que llegar allí en el plazo más corto posible.

En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la sociedad sueca experimentó una expansión a un ritmo récord. De haber sido un país agrario de la periferia, Suecia subió al primer puesto de la lista del crecimiento. Se construyeron nuevos centros urbanos, se ampliaron carreteras y se crearon otras nuevas. Las casas de hormigón surgieron como setas del suelo.

Suecia conquistó el bienestar, pero perdió al mismo tiempo el contacto con su propia historia.

A los suecos les ha llevado tiempo lograr un nuevo equilibrio. En la Suecia actual conviven lo viejo y lo nuevo uno al lado de lo otro, a veces cual dos acaeceres históricos paralelos; otras veces –aunque con menor frecuencia– como una sola unidad entrelazada. Lo mismo cabe decir por lo que se refiere a todo lo que llega de fuera: gentes, tendencias y expresiones de otras culturas y entornos.

Influencias internacionales


La inmigración ha aportado nuevas costumbres y tradiciones que, con el tiempo, quedarán incorporadas al acervo considerado como sueco.

De manera similar, los nuevos suecos asimilan las viejas costumbres del país, siendo a menudo los niños los que las introducen en sus familias. Está claro que las guarderías y las escuelas ejercen una gran influencia social. En el mejor de los casos, estamos ante una fecundación cruzada de culturas.

La mayoría de los suecos saben ya lo que implica el mes de ayuno musulmán, el Ramadán. En los últimos años han enraizado en Suecia varias tradiciones nuevas, sobre todo por medio de los medios de comunicación y por la presión comercial. El día de San Valentín y la fiesta de Halloween –dos grandes celebraciones en EE.UU.– despiertan también un gran interés en Suecia, con ciertas modificaciones.

Dentro de algunas generaciones, es posible que los orígenes de esas costumbres hayan quedado olvidados, ya que, tan pronto como la gente puede canalizar algo por medio de una costumbre, la cuestión de su procedencia deja de ser interesante.

El gnomo sueco de Navidad es, en realidad, alemán, pero, de todas formas, muchos suecos creen en él. Lucía fue una santa siciliana, y San Martín, cuya fiesta se celebra con la comida del ganso, fue un obispo francés. Nada de eso enturbia la alegría de esas fiestas.

Por San Juan, en el solsticio de verano, los suecos quieren estar al aire libre, independientemente del tiempo que haga. Foto: Peter Westrup/Image Bank Sweden
Por San Juan, en el solsticio de verano, los suecos quieren estar al aire libre, independientemente del tiempo que haga. Foto: Peter Westrup/Image Bank Sweden

¿En casa o al aire libre?

La mayoría de las costumbres tradicionales se celebran en familia, dentro del hogar. La única verdadera excepción es la del solsticio de verano, ocasión en que el sueco, haga prácticamente el tiempo que haga, quiere estar fuera, ver a gente y salir al encuentro del verano. Pero hay que tener en cuenta que esa fiesta es más bien de corte pagano.

La Iglesia luterana no parecía especialmente interesada por las fiestas colectivas y las procesiones, así que eso, junto con el hecho de la gran dispersión de la población del país y lo riguroso del clima, hizo que las celebraciones se mudaran al interior de las viviendas y se convirtieran en un asunto familiar.

Sin embargo, los tiempos cambian. La persona que visite Suecia en invierno, puede fácilmente sacar la conclusión de que las calles están desiertas, pero el mismo visitante se llevaría probablemente otra impresión durante los meses de verano. En distintas partes del país se han establecido numerosos festivales y fiestas callejeras, en los que la gente se congrega para escuchar música, comer y alternar con los demás.

En las zonas rurales se organizan en verano cierto número de concentraciones de músicos, en las que el foco de la atención lo ocupa la música folclórica sueca.

El violín llegó a Suecia en el siglo XVIII y enseguida se convirtió en el instrumento musical de los campesinos. La música folclórica nacional, que suele seguir el compás de tres por cuatro, era tocada por un violín solitario en el baile. La cultura musical sigue gozando de una gran salud, por lo que las citadas concentraciones suelen atraer a numeroso público.

No se olvide de la palabra "tack"

Muchas personas aprovechan también la ocasión para casarse en verano, cuando el tiempo permite el transporte a la iglesia en coche descubierto tirado por caballos o una sencilla ceremonia celebrada sobre alguna roca del archipiélago.

Las bodas canónicas siguen siendo la forma más corriente de matrimonio, a pesar de que la Iglesia de Suecia, que hasta hace unos pocos años fue estatal, pierde feligreses y que las estadísticas de practicantes que acuden a los oficios divinos, decaen. La inmensa mayoría desea, además, que la ceremonia de su funeral se celebre en la iglesia.

También son corrientes los bautismos cristianos de niños –para lo que se prefiere esperar a la llegada del verano– aunque cada vez son más populares unas fiestas caseras para dar nombre a los menores.

La confirmación es aún bastante corriente, si bien se suele hacer en forma de campamentos de verano, donde los estudios de la Biblia se combinan con el trato con otros jóvenes y con otras actividades.

Es posible que las personas mayores refunfuñen sobre la disolución de las normas, cuando ven que los jóvenes siguen sus propias sendas. Antes, casarse, bautizar a los hijos y hacer la confirmación eran pasos obligatorios que había que dar para llegar a la vida adulta y a la comunidad social. Ahora, por el contrario, la mayoría hace lo que quiere.

Los suecos son gente corriente y moliente; el entorno callejero es cada vez más continental y los usos y costumbres, cada vez más internacionales. La persona invitada a cenar en casa de una familia sueca a duras penas puede ponerse en evidencia, con tal de que se acuerde de decir ¡gracias! Los suecos lo hacen todo el tiempo:

– ¿Me puedes pasar la sal? ¡Gracias!
– Aquí tienes. (Varsågod).
– ¡Gracias! (Tack)!

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Po Tidholm, residente en la región sueca de Hälsingland, es periodista “freelance” y crítico del diario Dagens Nyheter. Suele escribir sobre historia de la civilización, política cultural y cuestiones sociales, a menudo con la región de Norrland como punto de partida. Ha trabajado también en la televisión como reportero de noticias y de asuntos culturales, así como en la radio –durante varios años– en calidad de locutor nocturno. Po Tidholm ha escrito los textos referentes a
cómo se celebran las fiestas en la Suecia actual.

Agneta Lilja es profesora de Etnología del Departamento de Lengua y Cultura de la Escuela Superior de Södertörn. Su tesis doctoral, de carácter ideológico-crítico, versó sobre La idea de la anotación ideal, sobre estrategias de recopilación en un archivo recopilador de tradiciones. Su investigación comprende asimismo estudios de canciones y costumbres festivas, y, entre otras cosas, ha escrito una obra sobre El día de los enamorados y Halloween. En la actualidad realiza trabajos de investigación de género. También escribe reseñas e interviene en los medios de comunicación. Agneta Lilja ha escrito los textos referentes a la historia de las tradiciones y festividades suecas.

La autora es la única responsable de las opiniones expresadas en este versión de Internet.

Traducción: Felipe Mena

Derechos de autor: 2004 Agneta Lilja, Po Tidholm y el Instituto Sueco. Este texto lo publica el Instituto Sueco en www.sweden.se.


 

Sweden.se, administrado por el Instituto Sueco, es una cooperación realizada entre las organizaciones siguientes:

A part of the official gateway to Sweden