20 de feb. de 2009
Torgny Lindgren es uno de los novelistas más conocidos y admirados de Suecia. La totalidad de la existencia humana que aflora a medida que se desarrollan sus historias nos hace sentir que los misterios de la vida tal vez sean comprensibles. Él atribuye esto en gran medida a su niñez, que transcurrió en una zona rural del norte de Suecia.

Para Torgny Lindgren, escribir es una constante fuente de gozo. Foto : Ulla Montan/Norstedts
Una montaña cercana, un lago y una sierra azul extendiéndose en la lejanía: este era el ambiente en el que Lindgren creció en la provincia de Västerbotten, en el norte de Suecia..
“Cuando era joven, pensaba que si la nieve era buena para esquiar, tan solo tenías que subirte a tus esquís y deslizarte hasta el sur de Suecia”, recuerda Lindgren. “Así es como lo veía – todo iba cuesta abajo.”
Lindgren habla mientras se toma una taza de café en un día invernal en París, donde va a dar una conferencia en La Sorbona y en el Instituto Sueco de París (Centre Culturel Suédois). Aunque sus horizontes se han extendido considerablemente desde que se ajustó los esquís cuando era muchacho, el entorno de su niñez sigue siendo un importante elemento en su universo literario. Sin embargo, él procura evitar que la naturaleza y el paisaje ocupen un lugar demasiado prominente en sus libros.
“De hecho, supongo que mis novelas tienen mucho más de filosofía y de teología”, dice. “Sin embargo, intento camuflarlas en algún tipo de paisaje.”
Un alivio del aburrimiento
El salto a la fama de Lindgren tuvo lugar en 1982 con El camino de la serpiente sobre la roca (Ormens väg på Hälleberget). En conjunto, sus libros han sido traducidos a 30 idiomas y desde 1991 es miembro de la ilustre Academia Sueca. También ha sido galardonado con numerosos premios por sus novelas, incluyendo el principal premio literario de Suecia, Augustpriset, y el Prix Femina francés..

Torgny Lindgren habla ante un público cautivado en el Instituto Sueco de París. Foto : Vinciane Verguethen
Lindgren tiende a dejar los adornos literarios y demás parafernalia al margen y llegar al quid de la cuestión con rapidez y eficacia.
“Largas y sinuosas descripciones de cómo el agua gotea de las ramas y el sol ilumina las telarañas de los arbustos... ¡eso es algo absolutamente insoportable!” exclama, consiguiendo mostrarse tanto disgustado como divertido.
En su propio paisaje literario, a través de un revestimiento de ropa sucia, cabañas desaliñadas y discusiones acerca del estado de la nieve, se pueden vislumbrar los temas profundos: vida y muerte, amor y odio, decepción y perdón. Uno pensaría que un novelista necesitaría de gran coraje para hacer frente a esos asuntos existenciales de un modo tan abierto y crudo, pero Lindgren niega con la cabeza tal idea y se ríe.
“No, no tiene nada que ver con el coraje”, dice. “Si sólo me preocupara de los eventos cotidianos y de las trivialidades, me aburriría mortalmente. Si tuviera que escribir esa clase de cosas, iría a buscarme otra ocupación.” Su tono es serio, pero no puede evitar sonreír levemente.
Año crítico
Un aspecto típico del mundo imaginario de Lindgren es su singular concepto del tiempo. Los eventos se entretejen a la perfección, o pasan de un libro al siguiente.
“Mi concepto del tiempo no es lineal, tiendo a mezclar los tiempos”, dice. “También, muchos de mis libros están basados en un año específico, 1948.” Fue un año de gran importancia personal para Lindgren, quien estaba enfermo de tuberculosis en esa época: no se esperaba que sobreviviera.
“Me he dado cuenta a posteriori que 1948 fue crucial en mi vida. Fue el año en el que la vida decidió quedarse conmigo. También fue el año en el que mi maravillosa abuela murió. Ella había sido capaz de explicármelo absolutamente todo a través de sus historias.”
Una sonrisa literaria
En sus propias historias, donde el presente y el infinito están en perpetua simbiosis, las incógnitas más difíciles de la vida a veces parecen explicables, y uno se pregunta a veces si acaso él haya comprendido el sentido mismo de la vida.
Se queda silencioso, luego bebe un sorbo de café y apoya la taza antes de contestar.

La vasta naturaleza y la cultura campesina del norte de Suecia han dejado una nítida marca en los escritos de Torgny Lindgren. Foto: Staffan Widstrand
“Pienso que los años de mi juventud tuvieron una influencia en este sentido. En el lugar donde crecí, en esa cultura de campesinos, los grandes asuntos existenciales siempre eran tema de conversación. Podías hablar de ellos en las conversaciones cotidianas.”
“En la cultura urbana de hoy, pienso que a la gente le avergüenza discutir las eternas cuestiones que nos gusta llamar vitales. Lo cual es una lástima, puesto que discutir acerca de Dios y el Diablo, el mal y la muerte, es algo muy divertido.”
Eso es precisamente lo que se percibe en la obra de Lindgren. Aun cuando el protagonista es la existencia humana misma, ni más ni menos, el tono carece de pretensiones y el humor nunca está muy lejos.
“Me da una alegría inmensa escribir”, afirma. “Pienso que debe haber una cierta sonrisa, una pincelada de humor, en toda literatura. Si no la hay, la echo tremendamente en falta.”
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Liens
www.wikipedia.org – Article Wikipedia sur Torgny Lindgren
www.norstedtsforlagsgrupp.se – La présentation d’écrivains de l’éditeur
www.svenskaakademien.se – La présentation d’écrivains de l’Académie suédoise
Torun Börtz
Torun Börtz es una periodista sueca independiente que reparte su tiempo entre Francia y Suecia. Aunque vive en París también pasa temporadas en una antigua casa en Skåne, en el sur de Suecia. Escribe acerca de la sociedad francesa y acerca de la literatura francesa y sueca.