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Violencia doméstica – cuestión de desigualdad

por Karin Alfredsson

La nueva ley sueca sobre la inmunidad de la mujer entró en vigor en 1998. Estipula penas más duras por actos de violencia masculina contra las mujeres con las que tienen una relación. A la policía se le ha encomendado además la tarea de dar prioridad a las denuncias de violencia contra la mujer. Asimismo, aumentan las penas por cada delito, es decir que una bofetada que, en otros contextos, hubiera sido considerada como “maltrato leve”, puede ser calificada de “quebrantamiento grave de la inmunidad de la mujer”, si forma parte de una cadena de atropellos. En tal caso, la pena es mucho más dura.

“No obstante, lo más importante es que el Estado ha marcado así su injerencia en lo que ocurre entre las paredes del hogar”, dice Ingegerd Sahlström. Ella es concejala de la ciudad de Halmstad, en el sur de Suecia, y trabajó para el Gobierno en el seno del ya inexistente Consejo Nacional sobre la Violencia contra la Mujer. “La policía tiene la obligación de intervenir y ha tenido que aprender muchas cosas sobre la espiral de violencia y de normalización que caracteriza a la violencia contra la mujer.”

En Suecia, alrededor de 20.000 mujeres al año denuncian que han sido objeto de actos de violencia por parte de algún hombre allegado. ¿No es una cifra elevada a nivel comparativo internacional?

“Sí, y no”, dice Ingegerd Sahlström. “En países donde la mujer no puede estar segura de que la policía vaya a actuar cuando la llame, o donde teme no ser creída ante un tribunal –allí, la propensión a denunciar tales actos es mucho menor. Pero eso no significa que la violencia real sea menor. Ahora, tenemos más denuncias de violencia contra la mujer que hace diez años, pero estoy convencida de que se trata sobre todo de que las mujeres se atreven a presentar denuncia y mantenerla en pie. Al mismo tiempo, sigue habiendo un grupo grande que no denuncia ni pide ninguna otra ayuda.”

Movimiento de refugios para mujeres

El movimiento de refugios de mujeres nació en Suecia a finales de la década de 1970. A nivel internacional, no era precisamente un movimiento pionero –aquí, la violencia contra la mujer surgió como cuestión política en una fase tardía–, pero, en la actualidad, los refugios de mujeres están bien organizados y comparativamente bien equipados.

“Los refugios de mujeres surgieron de la forma tradicionalmente sueca”, dice Ingegerd Sahlström. “Las mujeres quieren apoyar a las mujeres, nosotras nos involucramos, creamos asociaciones, recibimos subvenciones municipales y llegamos a ser parte del sistema social. La desconfianza respecto al Estado y los Ayuntamientos que se da en muchos otros países, no existe en Suecia. La idea general sobre el bienestar cuenta con un fuerte apoyo, sobre todo entre las mujeres. Sin el movimiento femenino y sin la fuerte opinión de la mujer, no hubiéramos podido llegar aquí. Si no hubiéramos sabido tanto sobre cómo se produce la destrucción de la personalidad en una relación con malos tratos, y no hubiéramos podido argumentar a favor de nuestra causa, la nueva ley sobre el quebrantamiento de la inmunidad de la mujer no se hubiera aprobado nunca. Todos los cambios exigen un trabajo duro.”

Violencia contra la mujer – cuestión de igualdad de oportunidades

Drude Dahlerup, profesora de Ciencias Políticas por la Universidad de Estocolmo, ha comparado la política sueca para la igualdad de oportunidades con la de otros países. “En Suecia se discute sobre la violencia masculina contra la mujer como un problema de desigualdad. Ese no es el caso en la mayoría de los demás países. El buen apoyo social a los refugios de mujeres y las demás actividades de ayuda son típicamente nórdicos.”

“Lo que aún se echa en falta es el compromiso de los hombres”, prosigue Ingegerd Sahlström. “Echo en falta a hombres sensatos que quieran participar en las discusiones sobre la violencia, el comercio sexual y las injusticias.”

¿No sirve de ayuda el hecho de que (casi) todos los políticos se llamen feministas? “Pues no”, dice riendo Ingegerd Sahlström. “Si yo fuera primera ministra, me sentaría a calcular cuánto cuestan los hombres en forma de criminalidad, accidentes de tráfico, contaminación del medio ambiente, etc. Eso podría convertir a los políticos en verdaderos feministas. Pero, para llegar allí, todavía queda mucho.”

Marianne Laxén, directora de la unidad para la igualdad de oportunidades en la Secretaría General del Gobierno, está de acuerdo: “¿Qué políticos, entre los hombres, tomarían la delantera para privar a otros hombres de poder y privilegios? Porque, para ser sinceros, muchos hombres quedarían del lado perdedor en este respecto, si hubiera algo así como una igualdad de género real.”

“La violencia del hombre contra la mujer es la expresión última del desequilibrio de poder imperante entre el hombre y la mujer. La violación por el hombre de la integridad de la mujer (una violación que, en tantos casos, afecta también a niños y jóvenes) es uno de los obstáculos más serios para lograr una sociedad democrática e igual. Por esa razón, proteger la integridad de la mujer es una meta central de la política de igualdad de oportunidades en Suecia.”

Del informe final del Consejo Nacional sobre la Violencia contra la Mujer, 2003 [Nationella rådet för kvinnofrid]


 

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