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29 de dic. de 2006

Suecia 2006
– mitos gélidos y verdades desnudas

por: Johan Tell, cronista de viajes y escritor
Un lobo cruzó el terreno del vecino. Fue la hija de los vecinos la que, cepillándose el pelo al alba, miró y descubrió un joven lobo que caminaba por el jardín cubierto de nieve. Así empezó el año.

Hacía mucho frío, aun para lo habitual en latitudes suecas. Los conductos de agua se congelaron, las bombas impelentes se congelaron, las narices se congelaron, muy al sur de Estocolmo salieron lobos y la gente hablaba de un invierno crudísimo.

Luego empezó a caldearse el aire. La temperatura subió muchísimo, a grados nunca vistos antes. Al terminar el año, los suecos no hablaban sino del efecto invernadero. De todos modos, fue como si la racha de frío de comienzos de año nos hubiera hecho creer en el mito de que vivimos en una tierra congelada hasta el extremo.

Por lo general, en cambio, los suecos corrigen de buen grado los prejuicios acerca de su país: no es verdad que por las calles de Estocolmo anden osos polares; no es común el group sex, y el hecho de que seamos sólo nueve millones no se debe a que muchos de nosotros nos suicidemos.

El año 2006 fue, paradójicamente, el año en que en Suecia –también para nosotros los suecos– mentalmente hizo frío.

“Vivimos en casas de hielo”
Yo me di cuenta de ello en Ciudad del Cabo, 10.370 kilómetros al sur de Estocolmo. La vez anterior que visité Suráfrica llegué con el primer vuelo chárter de Suecia. Se acababa de inaugurar una playa de nudismo, considerando que eran más que conocidos los hábitos de vacaciones de los suecos: se bañan desnudos, juegan desnudos al tenis de mesa y luchan desnudos con los alces.

Yes, the Icehotel in Jukkasjärvi, Sweden, is a popular tourist destination, but no, this does not mean that all Swedes live in ice houses.
Foto: Johan Ylitalo /  www.imagebank.sweden.se

Este año, en cambio, todos los surafricanos con quienes me topé –fueran viticultores o músicos de jazz– hablaron del Hotel de hielo de Jukkasjärvi. En determinado momento, no tuve más ganas de contradecir afirmaciones como que “las casas de hielo son tan comunes en Suecia como las de pizza en Italia”. Al contrario, dije que “por supuesto que vivimos en casas de hielo, bebemos vodka en vasos de hielo, tocamos violines de hielo, dormimos en camas de hielo sobre pieles de animales que cazamos con nuestras flechas de hielo y matamos con nuestros cuchillos de hielo”.

Triunfos y derrotas
También el año deportivo transcurrió bajo el signo del frío, con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de hockey sobre hielo para hombres y la de plata para mujeres. Es verdad que David Letterman hizo mofa de ciertos deportes de invierno, a su juicio extraños, como el biatlón, en los que Suecia conquistó varias medallas. Disparar andando en esquíes le parece a Letterman una combinación tan extraña como nadar y estrangularse. Esta opinión tal vez sea corriente en Nueva York, pero no en un jardín sueco cubierto de nieve que acaba de atravesar un lobo.

La actuación de Suecia en el mundial de fútbol, en cambio, fue una decepción. Otros fallos fueron: apenas el cuarto lugar entre los mejores servicios de salud de Europa; el que Finlandia, y no nosotros, ganara el concurso de canciones de Eurovisión, y que Estocolmo cayera –por debajo de Shanghai, Kiev y Sao Paulo– en el lugar 36 de las ciudades más caras del mundo, lo que los suecos interpretaron como una señal de pobreza cada vez mayor. Lo peor fue ocupar el séptimo lugar en la lista de países más felices del mundo, que encabezó Dinamarca, nuestro vecino y archirrival. Pero los daneses beben más cerveza que los suecos: un hecho que en este contexto debería considerarse como dopaje.

Algunos laureles
A pesar de todo, recibimos algunos laureles. Suecia fue designada como campeona de la mundialización. La ONU incluyó el país como uno de los cinco mejores para vivir. Lectores de prensa británicos en vacaciones nos nombraron “país europeo favorito”, y Suecia fue considerada como uno de los países que hacen más por combatir el efecto invernadero (estamos habituados a crear frío glacial).

El título tal vez más prestigioso del año también correspondió a Suecia: el país más democrático. Mejor que eso, apenas si se puede concebir.

Con esa pluma en el sombrero, podemos incluso tragarnos cosas extrañas como el que el 80% del pueblo sueco confía en Ikea (empresa sueca de muebles y decoración para el hogar), mientras que apenas llegan al 35% los suecos que confían en el Parlamento. Aunque claro está que es más fácil confiar sin vacilar en alguien que dice “esta es una silla y sirve para sentarse en ella” que en alguien que promete solemnemente que “Suecia estará libre de petróleo dentro de quince años”.

Viejos mitos, gobierno nuevo
Después de un verano caluroso sin precedente –con una grave escasez de helado como consecuencia– parecía como si Suecia empeñara todos sus esfuerzos por cultivar el mito de ser una nación congelada. Björn Borg, el legendario tenista de otra época que hoy es rey de la industria de calzoncillos, puso en el periódico un anuncio de página entera con fotografías de rubias semidesnudas que marchaban con escobas entre témpanos de hielo y osos polares.

Después de una eternidad, el pueblo sueco no dio la mayoría de votos a los socialdemócratas. La nueva alianza de centro-derecha está encabezada por el moderado Fredrik Reinfeldt, cuyo apellido puede interpretarse como “tierra del reno”.

Por último, otorgamos el Nobel de Literatura al escritor turco Orhan Pamuk. El año comenzó, pues, con un lobo sobre una superficie helada y terminó con loas a un autor que irrumpió en la escena literaria con la novela “Nieve”.

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Johan Tell es cronista de viajes y escritor, autor, entre otras obras, de una guía de Estocolmo y del libro “Lagom – myter och sanningar om det vi kallar svenskt” (La justa medida: mitos y verdades de lo que llamamos sueco).

El autor es el único responsable de las opiniones expresadas en este artículo.

Traducción: Álvaro Eljach

Clasificación: A175SP

© Foto 1:Jussi Nukari and Magnus Jönsson / Scanpix
© Foto 2:Johan Ylitalo /  www.imagebank.sweden.se
© Foto 3:Jonas Ekströmer / Scanpix


 

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