28 de dic. de 2007
Cuando ya estaba muriendo el año 2007, mi hija menor dijo que el Premio Nobel de la Paz se me debería otorgar a mí, y no a Al Gore, pues se había enterado de que mi libro sobre el medio ambiente se había vendido mejor que el suyo. Entonces tuve que explicarle a mi hija que ciertas verdades sólo tienen validez en Suecia, y que el 99,85% de los habitantes de la Tierra no entienden el sueco.

Energía eólica para el pueblo sueco. Foto: Johan Ylitalo
También en los debates sociopolíticos de Suecia el tema central fue el efecto invernadero, circunstancia que a nuestro gobierno, que es bastante reciente, le inspiró ideas y empezó a dar, una tras otra, declaraciones sobre el medio ambiente. Cuando el gobierno tomó posesión, daba la impresión de que pensaba que los culpables de los problemas eran países lejanos que ensuciaban el medio ambiente.
Muy recientemente, el gobierno propuso un gran proyecto de parque de energía eólica con 6.000 aeromotores en las afueras de Piteå, una ciudad de Norrbotten, en la Suecia septentrional. El lugar se eligió por estar expuesto a fuertes vientos y porque en él viven apenas seis familias, lo que nos indica lo rala que es la población de ciertas zonas de Suecia. Así, no puede sorprendernos que el aguinaldo favorito de este año sea el GPS: un aparato electrónico que les facilita a los habitantes de zonas de baja densidad demográfica encontrarse y visitarse mutuamente.
Un temprano defensor del medio ambiente fue el rey de las flores, Linneo (Carl von Linné), cuyo tercer centenario celebramos en 2007. En mi casita de campo pienso en muchas ocasiones en Linneo: cuando encuentro en el bosque de abetos la modesta flor rosada que el naturalista bautizó con su nombre, cuando veo una grulla paseando con su cría en el lindero del bosque y me vienen a la memoria los divertidos nombres científicos reiterativos de ciertas aves (de la grulla, grus grus; del búho real, bubo bubo; de la urraca, pica pica) y cuando una golondrina cruza gorjeando el lago. Linneo creía que las golondrinas hibernaban en el fondo de los lagos. Me complace que personas eruditas también se equivoquen y me atemorice cuando nosotros creemos que lo sabemos todo.
El científico sueco Carl von Linneo tenía sin duda un buen conocimiento de las aves y abejas; pero a los investigadores aún les queda mucho por descubrir.
Foto: Biblioteca Nacional de Suecia / Ilustración: BrittonBritton
En nuestro lago acaba de instalarse un castor. Nos resulta simpático, pero también nos inquieta, y mi esposa ha rodeado de una malla todos nuestros bellos abedules. La próxima especie que se acerca a nuestros parajes es el jabalí, que de la noche a la mañana puede transformar cualquier prado en tierra labrantía. Dice un informe reciente que si la población de jabalíes sigue creciendo al ritmo actual, dentro de poco tendrá Suecia más jabalíes que alces: algo que inquieta al sector del turismo, que antes que cerdos prefiere vender al rey del bosque como ilustración de los souvenirs.
A propósito de alces, los hombres suecos hacen cada vez más uso de su derecho a la licencia parental. Los últimos 10 años, el número de hombres que después de nacer sus bebés se toman más de dos meses –de un total de 16 adjudicados por ley a ambos progenitores– ha aumentado del 10 al 18%. Además han disminuido los que “por casualidad” se toman esas semanas libres en la temporada otoñal de caza de alces.

La licencia parental atrae a un número cada vez mayor de hombres suecos.
Foto: Erika Lidén
Conforme a un estudio de la Comisión de la UE, las parejas suecas son las que, de todos los países comunitarios, gozan de mayor igualdad en cuanto a la repartición de las labores domésticas...aunque eso no influye mucho en mi mujer, que hace poco se negó, por decimoctavo año consecutivo, a ponerle al coche las ruedas de invierno.
El mismo estudio revela que el 94% de los suecos se consideran felices. Ese resultado de la investigación se eclipsó un poco cuando los vecinos de Dinamarca afirmaron que eran más felices aún. Es probable que el estudio se haya hecho antes de que nuestra selección nacional de fútbol se encargase de que el eterno rival danés no se clasificara para el campeonato europeo del próximo año.
No sólo hubo dicha, sino también luto. Nuestra personalidad cultural más célebre en todo el orbe, Ingmar Bergman, murió este verano. Abordar permanentemente, como lo hacía Bergman, temas existenciales, la mortalidad de los humanos, la fe en Dios y una multitud de demonios del alma, es en el fondo nuestra eterna búsqueda de la felicidad y la dificultad de alcanzarla.

No deplorar la muerte de Ingmar Bergman es un pecado en Suecia.
Foto: Biblioteca Nacional de Suecia
En una ocasión, cuando me encontraba en India, un fotógrafo de ese país me dio un rapapolvo por no estar enterado del último montaje de teatro hecho por Bergman. Pero pese a que Bergman tiene la condición de exponente máximo de la cinematografía sueca, hay muchos compatriotas, sobre todo jóvenes, que veneran lares muy diferentes. Por extraña coincidencia, el mismo día que Bergman murió uno de mis favoritos: el director de cine italiano Michelangelo Antonioni. Mi conciencia patriótica me sigue remordiendo por deplorar la muerte del director de cine que no es.
Otro motivo de preocupación fue el año deportivo 2007, por las actuaciones mediocres en terrenos en que generalmente lucimos, como el hockey sobre el hielo, el esquí y el atletismo (con excepción, claro está, del oro de Carolina Klüft en el mundial). Sin embargo, hacia fines de año se iluminó algo el panorama, gracias a las grandiosas actuaciones de nadadores suecos que conquistaron medallas de oro, a la reina del esquí alpino Anja Pärson y a la magistral golfista Annika Sörenstam: un buen arranque a las puertas del año 2008.

¿Si habrá varones que se midan con Heidi Andersson? Foto: Peter Jönsson
Por lo demás, los triunfos fueron logrados principalmente por mujeres en deportes poco comunes: medalla de oro en el campeonato mundial de bolos en equipos de tres y oro en el campeonato europeo de lucha. A ellas se sumó Heidi Andersson, de la población de Ensamheten (“Soledad”, en sueco), conquistando el bronce en pulso: hay mujeres fuertes de pueblos llamados Soledad, que nos hacen empezar a entender por qué la mayoría de los hombres suecos menores de 39 años siguen solteros.
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Johan Tell es escritor y cronista de viajes. Su reciente libro, 100 sätt att rädda världen (100 maneras de salvar el mundo), ha sido traducido al finlandés, danés, noruego e inglés.
El autor es el único responsable de las opiniones expresadas en este artículo.
Traducción: Álvaro Eljach
Clasificación: A228SP
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