29 de dic. de 2008
En el año 2008 escasearon, cosa excepcional, las avispas en Suecia. Hay que sentir goce por las pocas cosas favorables que nos trajo este año, que de por sí fue bastante triste para nosotros los suecos, tanto en cuanto a la economía y al deporte como al clima. Pero nos alentaron un poco los nuevos descubrimientos de la era vikinga.

La Cumbre Interconfesional sobre el Clima, convocada en noviembre de 2008, se ocupó del problema palpable del calentamiento planetario. Foto: Magnus Aronson/Ikon
Ha sido el invierno más cálido de los últimos 100 años. El titular de periódico más extraño rezaba: “El sur de Suecia carece de estación”. No hacía tanto calor como para hablar de primavera, ni tampoco tanto frío que justificara el nombre de invierno. Además, las normas del Instituto de Meteorología e Hidrología de Suecia prohíben que después del 14 de febrero se hable de otoño.
Hizo un tiempo contrario al reglamento, que se convirtió en tema de conversación general, con participación hasta de Dios... o, si no fue así, ¿cómo calificaremos el hecho de que la Iglesia Sueca se empeñara activamente en la lucha contra el calentamiento planetario? La voluntad de la Iglesia de preservar la creación y proteger a los pobres del mundo, que serán los más gravemente afectados, fructificó en una conferencia internacional sobre el clima con asistencia de treinta representantes de distintos credos: la Cumbre Interconfesional sobre el Clima.
Por igual razón, aunque sin plegarias, construyeron en Växjö una casa de madera de ocho pisos. Como las fábricas de cemento del mundo registran juntas emisiones de dióxido de carbono equivalentes a las de todos los aviones sumados, es deseable usar cada vez menos cemento y más madera.
Construyendo con madera, en lugar del cemento, una casa de cuatro pisos y 16 apartamentos se evita emitir unas 17 toneladas de dióxido de carbono por cada apartamento: una cantidad equivalente a las emisiones de casi 30 vuelos de Estocolmo a Bangkok.

Las casas de madera más altas de Suecia, Limnologen, han sido construidas en Växjö. Más madera = menos hormigón = mejor para el medio ambiente. Foto: Välle Broar
Sin embargo, durante mucho tiempo ha estado prohibido en Suecia construir casas altas de madera, de lo cual tiene cierta culpa la familia de mi esposa. El incendio que en 1790 redujo a ceniza la ciudad de Karlskrona, construida de madera, en Blekinge, empezó en la granja de un antepasado de mi esposa, y por la misma razón ella hasta el día de hoy procura no pasar sus vacaciones en esa provincia.
En cuanto al aspecto característico del sueco, se lograron avances científicos sobre la apariencia de los vikingos. Según la arqueóloga Annika Larsson, el vikingo no era ningún salvaje burdo. Al contrario: inspirándose en la moda de Rusia y del Oriente, el vikingo ostentaba una indumentaria de seda de colores vivos, adornada de cintas finas con mucho ringorrango de plata y dijes y collares destellantes.
Si después de esas revelaciones el gusto del vikingo a algunos les parece un poco “marica”, no es nada que le importe mucho a la gente en Suecia.
En todo caso, no a esa mayoría que apoya la propuesta del gobierno, de legalizar en el año 2009 el matrimonio sin discriminación de sexo de los cónyuges. Al contrario: la mayoría de los suecos cree que su país debería estar a la vanguardia de Europa en cuanto a “leyes HBT” (leyes pertinentes a los derechos de los homosexuales, bisexuales y transexuales), en lugar de quedar a la zaga, como ocurre hoy, de la España profundamente católica, que ya ha aprobado el matrimonio de homosexuales.

Hay algo más que una grieta en la fachada de Kiruna, una ciudad en movimiento. Foto: Johan Ylitalo/www.imagebank.sweden.se
El precio del hierro y del acero en el mercado mundial se ha disparado, y en consecuencia la empresa minera sueca LKAB quiere aumentar la extracción de mineral. Nada que objetar... sólo que, como los yacimientos de mineral se encuentran debajo de la ciudad septentrional de Kiruna, que correría el riesgo de desplomarse en la mina, se ha decidido trasladar toda la ciudad aún más a noroeste, hacia la montaña de Luossavaara.
Lo que nos asombra a los suecos nacidos a buena distancia del círculo polar, es que cuando hay posibilidad de desplazar una ciudad de Laponia, se opta por trasladarla más al norte, lo cual es casi imposible, en lugar de situarla en zonas más habitables dentro de la Unión Europea (quiero decir: más cerca del Mediterráneo).
La nueva ley que otorga a la Oficina de Radiocomunicaciones de la Defensa Nacional —la Försvarets radioanstalt (FRA)— el derecho de supervisar todas las comunicaciones informáticas con el extranjero, ha sido considerada por una parte de los suecos como algo típicamente sueco. Según los críticos, la facultad de espiar legalmente a ciudadanos que no son sospechosos de ningún delito, sólo puede otorgarse en dictaduras y en Suecia, el país del “Big Brother”.
Prescindiendo de lo que uno opine sobre la ley FRA, la verdad es que los suecos que creen que viven en un país supervisado, no entienden lo que significa supervisión y, por ende, confunden la voluntad de un país de proteger a sus ciudadanos con su sometimiento a un control ilícito. De ese equívoco se puede considerar como prueba el hecho de que Suecia haya encabezado el Índice de Percepción de la Corrupción de 2008, lo que significa que es el país menos corrupto y más abierto del mundo.
Izquierda: La ley FRA provocó manifestaciones. Derecha: Suecia trata de que haya en el mundo más hombres que limpien la casa. Fotos: Jessica Gow/Scanpix y Plattform/Johnér
Entre otras listas que encabeza Suecia se cuenta la del número de hombres que tienen iguales derechos y deberes que la mujer en lo que se refiere a compartir el trabajo doméstico.
También compartimos con los japoneses y los noruegos el lugar de los más dispuestos a adoptar nuevas tecnologías. Los suecos son los más asiduos usuarios de Internet. Más del 85 por ciento tiene acceso a la Red en casa, mientras que el promedio europeo es del 50 por ciento.
En la ciudad de Karlstad, doña Sigbritt, de 75 años de edad, registró la más alta velocidad mundial de banda ancha. Si disfruta o no de tener acceso a 1.500 canales de televisión de alta resolución, o de poder descargar de Internet una película en dos segundos, no lo dijo el que emprendió la iniciativa de esa “competición”, Peter Löthberg, legendario experto en Internet, que además es hijo de la septuagenaria campeona.
El espíritu de vanguardia en el campo de la técnica tal vez guarde relación con el hecho de que Suecia siempre ha tenido, respecto a su escasa población, un número desproporcionado de inventores de éxito. Un invento sueco que hace poco celebró sus 50 años es el marcapasos. El primer paciente probó 22 marcapasos y pudo sobrevivir tanto al inventor como al cirujano.
En número de jubilados felices, Suecia sólo conquistó el segundo lugar, derrotada por su archirrival Dinamarca... aunque ese sondeo de opinión tal vez se realizó antes de la noticia de que Dinamarca le había quitado a Suecia el primer puesto mundial en carga fiscal.

¿Cuántas casas de madera se necesitan para “pagar” un vuelo a Nueva York? Foto: Björn Keller/Link Image
El otoño de este año viajé con mi familia a Nueva York. Entonces tuvimos que pagar por el dólar el 44 por ciento más que si hubiéramos viajado seis meses antes. Una lástima. Pero también es un problema de país industrializado. Todavía pudimos permitirnos el gasto, todavía teníamos trabajo y podíamos pagar los plazos de la casa.
Peor les fue a todos los que perdieron su empleo. En Suecia, muchos de ellos trabajaban en la empresa Volvo, de la que su propietaria Ford ahora quiere desembarazarse.
He reflexionado mucho sobre la magnitud del papel desempeñado por el mercado mundial y en qué medida Volvo tuvo la culpa de la crisis. Yo sigo andando en mi viejo Volvo de diez años, que funciona con biogás: un combustible que no agrava el efecto invernadero y se fabrica con los desechos de los estocolmeses, y que nadie tiene como objeto de guerra en el Cercano Oriente, Georgia ni África Occidental.
En el año 2008 Volvo dejó de producir automóviles propulsados por gas y en cambio lanzó al mercado el modelo XC60. Tal vez sea el coche más seguro del mundo; pero no está dotado de un motor inocuo al medio ambiente. ¿Qué tan sensato es eso?
Otra cosa. Hoy en día los suecos prefieren dar a sus hijos nombres como Wilma y William. A lo mejor algunos de vosotros creéis que Olaf e Inga —como extrañamente nos bautizan a los suecos en películas de Hollywood— son todavía nombres comunes por estas tierras.
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Johan Tell
Johan Tell es un cronista de viajes y autor de libros. En noviembre de 2008 publicó Träd kan rädda världen (Los árboles pueden salvar el mundo). Su libro 100 sätt att rädda världen (100 formas de salvar el mundo) ha sido traducido al danés, finlandés, inglés y noruego.
El autor es el único responsable de las opiniones expresadas en este artículo.
Traducción: Álvaro Eljach
Clasificación: A281SP