12 de dic. de 2005
Es posible que los papás suecos no lleguen a cumplir los objetivos del Gobierno, por lo que se refiere al cuidado de los hijos, pero, con un poco de perspectiva, Rob Hincks descubre que aquellos hacen mucho más que sus homólogos a nivel internacional.

En Suecia, los papás son alentados por el Gobierno a quedarse en casa para cuidar de sus hijos. Foto: www.imagebank.sweden.se: Susanna Blåvarg / Johnér
En Inglaterra, mi país de origen, los papás hogareños son más bien una especie rara. John Lennon lo fue durante cinco años, porque era la suficientemente rico como para no necesitar trabajar. Mi amigo lo hace porque es una persona completamente buena. Pero, en la mayoría de los casos, el término de papá hogareño es un eufemismo de desempleado.
Ha querido la suerte que yo no tenga que cargar con un deseo natural de trabajar, así que mi mudanza a Suecia y el hecho de tener hijas no podían haber sido mejores.
Bueno, quizá deba explicarme. En 1974, el Gobierno progresista del primer ministro Olof Palme elaboró una legislación nueva sobre el permiso parental. En una medida sin precedentes, se introdujo el seguro de los padres como prestación estatal, permitiendo además que el subsidio correspondiente se lo pudieran repartir entre el padre y la madre, como mejor les conviniera.
En otras palabras, el Gobierno pagaría para que los papás (y las mamás, naturalmente) pudieran sacar un permiso remunerado del trabajo para cuidar de los hijos. Fue una medida bien anunciada por los Gobiernos de todo el mundo (aunque pocos han sido lo suficientemente valientes como para copiarla y han preferido, en lugar de ello, presentarla como ejemplo de lo que harían, si pudieran).
La alegría de ser padres
Pero volvamos ahora a mí. Recién llegado a Suecia, acompañado de mi mujer en estado de embarazo avanzado, me encantó saber que tenía derecho a dejar de trabajar para criar a mi hija (después de un periodo legal de contribución al sistema impositivo sueco, naturalmente). Mi encanto se mezclaba con el hecho de que mi mujer trabajaba (y sigue trabajando) para una empresa británica con sede en Inglaterra, por lo que sólo tenía derecho a una cantidad insignificante por permiso remunerado de maternidad. Dicho de otra forma: tanto más permiso para mí.
Yo ya había oído hablar de grupos de papás que se reunían en parques y cafeterías, y estrechaban sus relaciones con historias sobre la paternidad mientras consumían espumosos cafés capuchinos. Así, un buen día, salí con un bebé bien arropado contra el frío del invierno y con una cartera rellenita de efectivo del subsidio estatal, destinado a café y pastel.
Sin embargo, como pasa con todas las historias, el relato y la realidad raras veces concuerdan. En el 2003, los papás suecos usaron solamente un 17 por ciento de los días de permiso remunerado que les correspondían. Eso a pesar de la legislación de 1995, que dio por resultado la introducción de un mes no transferible del permiso parental (aumentado a dos meses en el 2002).
Pero, volviendo a lo que algunos llamarían la fuente más fiable de la rumorología social, es de todos sabido que los hombres suecos sacan la mayor parte de su permiso parental durante la breve temporada de sol y en periodos de “eventos globales importantes” (los Juegos Olímpicos o el Campeonato Mundial de Fútbol, por ejemplo) o de “quehaceres domésticos de envergadura” (como la pintura del vestíbulo).
Lo que eso significó en realidad fue que, como había elegido comenzar mi permiso parental en un frío lunes de finales de octubre, tuve que esforzarme para encontrar otros colegas paseantes con quienes compartir un café.

La utilización del permiso parental remunerado como papá es beneficiosa para la familia y la sociedad. Foto: www.imagebank.sweden.se Lena Granefelt / Bildhuset
Papás prácticos
Entonces, ¿qué es lo que salió mal con el plan de Palme para hacer que los papás vuelvan al hogar? Pues nada. Dejando las estadísticas a un lado, en Suecia no conozco ningún padre (y conozco a muchos), que no haya sacado por lo menos dos meses de permiso en los dos primeros años de la vida de un hijo. Eso es dos meses más que cualquier padre que yo haya conocido fuera de Suecia. El hecho de que no sacaran sus meses cuando yo decidí sacar los míos, se debe más a una mala planificación por mi parte que a una posible falta de responsabilidad por la suya.
Y lo que es más importante, al margen del periodo de permiso remunerado definido con facilidad, los papás suecos contribuyen en una medida mucho mayor a la unidad familiar que sus homólogos a nivel internacional. El hecho de que, durante la redacción de este artículo, haya lavado la ropa de mis hijas (pues sí, ahora tengo dos), haya pasado a por ellas en la guardería y haya cocinado una sopa de verduras de otoño para su cena, no es nada de lo que pueda hacer alarde ante mis amigos suecos.
Bum sueco de la natalidad
La cuestión es esta: lo que les pueda faltar a los papás suecos para cumplir los estándares del Gobierno en cuanto a la igualdad, queda más que compensado, cuando se mide en comparación con lo que hacen los papás en otras partes.
El resultado es un país con un nivel de empleo por encima de la media entre las mujeres y una de las tasas de natalidad más altas de Europa. ¿Puede eso estar relacionado con que los papás saquen tiempo de permiso para estar con sus hijos? Bueno, con estudios que muestran que un segundo hijo es más probable en familias donde los papás hacen uso del permiso parental, yo diría que sí. La permanencia en casa también podría salvar su matrimonio. Una tesis doctoral publicada por la Universidad de Estocolmo –Gendering Family Dynamics– muestra que el riesgo de divorcio disminuye en casi una tercera parte en las familias en las que los papás utilizan el permiso parental. Lo único es que yo hubiera deseado haberme acordado de controlar cuándo se celebraba el campeonato de golf US Open.
Datos sobre el permiso parental
– La prestación parental en relación con el nacimiento de un hijo se concede por un total de 480 días por hijo.
– Sesenta días se reservan para el padre y otros 60, para la madre. El resto lo pueden compartir libremente.
– La remuneración de 390 días equivale al 80 por ciento de los ingresos del progenitor hasta determinado techo.
– Los 90 días restantes se remuneran con una cantidad diaria establecida.
– Además, los papás tienen derecho a 10 días de permiso remunerado al nacer un hijo. Alrededor del 80 por ciento de los papás aprovechan esa prestación.
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Rob Hincks es un periodista británico freelance, radicado en Estocolmo. Sacó algo más de un año de permiso del trabajo para estar con cada una de sus hijas, se perdió una Olimpiada, un Campeonato Mundial, trabajó durante un campeonato europeo de fútbol y aguantó un Festival de la Canción de Eurovisión con su mujer y su hija mayor. Y nunca llegó a encontrar a nadie con quien tomarse uno de aquellos cafés capuchinos.
El autor es el único responsable de las opiniones expresadas en este artículo.
Clasificación: A122SPa
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© Foto 1: www.imagebank.sweden.se: Susanna Blåvarg / Johnér
© Foto 2: www.imagebank.sweden.se Lena Granefelt / Bildhuset
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